- Alejandra Salgado García
- Ana María Rubio López
- Anahid Puerto Moreno
- André Julián Leonardo Montaño Sánchez
- Catalina Forero
- Daniel Felipe Espinosa Torres
- Daniela Bautista Lasso
- Danna Valentina Burgos Moreno
- David Ramírez Márquez
- Edna Gabriela Erazo Garzón
- Felipe Perea
- Juan Jacobo Cádenas Castañeda
- Julián David Otálora Caicedo
- Juliana Saldaña Rabe
- Laura Catalina Mora Nieto
- Lina Fernanda Piedrahita Rodríguez
- Maria Camila Diaz Rivera
- Maria Rosario Villarreal Ruiz
- Miguel Ángel Martínez Cervantes
- Nicolé Nieto González
- Nidia Alejandra Castellanos Acosta
- Sarai Sofía Ramírez Lozano
- Sofia Avendaño
- Valentina Alvis López
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INAUGURACIÓN:
Lunes 25 de agosto, 2:00pm
ABIERTA y CICLO DE SUSTENTACIONES:
Lunes 25 de agosto a viernes 5 de septiembre, 10h a 17h y sábado 30 10h a 14h, cierra domingo.
LUGAR:
Sala ASAB y Talleres de Artes Plásticas y Visuales Facultad de Artes ASAB, Palacio La Merced.
MONTAJE:
Lina Bolaños
COORDINADOR PROYECTOS DE GRADO:
Luis Javier Barbosa Vera
Las obras aquí reunidas se presentan como Superficies de Contacto: umbrales donde lo perdido y lo posible coexisten en tensión productiva. El ruido de Bogotá que se incrusta en los paisajes internos de sus habitantes la cerámica que —en su proceso de quema y enfriamiento— encarna las fases transitivas de la existencia, esta exposición propone el arte como práctica de libertad material. Siguiendo la intuición de Marguerite Yourcenar, entendemos que tanto los objetos como las subjetividades son eternas no en su fijeza, sino en su perpetua transformación.
En el ámbito de las tecnologías y performatividades, el arte devela las paradojas de una identidad contemporánea moldeada por algoritmos. Cuando el yo deviene un avatar que performa feminidades segmentadas en redes sociales, cuando la fotografía cotidiana —esa práctica aparentemente inocua— oculta su propia infraestructura técnica (como anticipara Vilém Flusser), las obras aquí presentes exponen la doble naturaleza de la tecnología: a la vez herramienta de emancipación y entorno colonial que nos constituye. La metáfora del sapo que anhela ser príncipe —y viceversa— sintetiza esta condición esquizoide: una subjetividad suspendida entre la autenticidad y el simulacro, entre el deseo y su captura por los dispositivos digitales.
Frente a estas fracturas, emergen pedagogías radicales que convierten el arte en acto de insurrección narrativa. Archivos comunitarios que resisten la gentrificación mediante la preservación de memorias locales, talleres donde los cuentos infantiles se vuelven herramientas para deconstruir estereotipos binarios, o proyectos que transforman el collage en metodología de aprendizaje colectivo— encarnan lo que Bruno Latour llamaría urbanismo táctico. Estos gestos del espacio público lo redefinen como zona de autonomía, donde enseñar es crear condiciones para la invención de lo común (Freire).
Lo que une estas prácticas es su estética de lo inacabado: una poética del proceso sobre el producto, que encuentra en la fragilidad —de los vínculos, de los materiales, de las identidades— su mayor potencia. La cerámica que atrapa memorias migrantes, el libro-arte que documenta infancias interrumpidas, o el archivo accidental que resignifica el desorden, operan como objetos dialécticos: restos materiales cargados de temporalidades contradictorias. Incluso los avatares digitales, pese a su aparente inmaterialidad, revelan la textura concreta de nuestros deseos y violencias. Como escribió Gabriel Catren: Solo en los intersticios de lo acabado puede respirar lo vivo.


